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De Cómo los Jenny Hanivers
se Transformaron en Garadiábolos
publicado en 11/07/2006

Autores: Kentaro Mori y Luis Ruiz Noguez

A mediados de 1971 un profesor de educación física, Alfredo García Garamendi, originario de Manila, Filipinas, y por aquel entonces residente en la ciudad de San Juan de Puerto Rico, capturó debajo del agua un extraño espécimen de pez que, afirmó, podía salir fuera del agua, respirar y ponerse de pie, y hasta subirse a los árboles.

El curioso animal tenía una asombrosa constitución antropomórfica. Algunos de sus rasgos eran diabólicos, razón por la cual (y en honor a su apellido) Garamendi lo bautizó con el nombre de “Garadiábolo”.

El profesor decidió enviar su animal a la Universidad de Puerto Rico, en Mayagüez, a fin de que fuera analizado. Para tal propósito le pidió a su amigo Francisco Guell, hombre de toda su confianza, que entregara el ejemplar y una carta dirigida al doctor Cerame Vivas, entonces Director del Laboratorio de Ciencias Biológicas Marinas, junto con varias fotografías del ser y algunas copias de las radiografías obtenidas a los pocos días de su captura. Le pidió que no mencionara por qué medios había llegado a conocer la existencia de aquel extraño ente. También se guardó de enviar al espécimen, o por lo menos algún fragmento del mismo para que fuera estudiado en la universidad.

Obviamente con tan poca información, el doctor Cerame se declaró incompetente en el asunto y pidió la opinión del doctor William H. Eger, profesor asociado de Ictiología y Curador de Peces del Departamento de Ciencias Marinas de la Universidad de Puerto Rico. Como era de esperar, el profesor Eger tampoco podía llegar a ninguna conclusión sin examinar el cuerpo de la criatura, por lo que envió una carta a Garamendi:

“Marzo 28, 1972.
“University of Puerto Rico. Department of Marine Sciences. Mayagüez, Puerto Rico.

“Estimado Sr. García-Garamendi:

“Me ha sido turnada su carta de enero 29 dirigida al Dr. Cerame Vivas referente al ‘Garadiábolo’ que usted descubrió. Estoy muy interesado en su animal y en las excelentes fotografías y placas de rayos X. Creo que es un tipo de pez quimera que es bastante primitivo y está emparentado con los tiburones y las rayas pero pertenece a un grupo de peces taxonómicamente diferentes. Sin embargo, la inspección de sus fotografías revelan algo más extraño, una característica única que no esperaba encontrar en el anteriormente mencionado grupo de peces quimera (pez rata). Estos peces han sido descritos en el pasado y estoy seguro de que son nuevos en Puerto rico y posiblemente en el Océano Atlántico.

“Enviaré a uno de mis asistentes de investigación en el Departamento de Ciencias Marinas, la señorita Bonnie White, para que vea el pez con su permiso. Mucho nos gustaría tener el pez para examinarlo y así poder determinar a qué grupo de peces y a qué especie pertenece. El espécimen deberá preservarse tan pronto como sea posible en formalina. Si así lo desea podemos registrar el pez en la literatura científica y depositarlo en el Museo de Peces de la Universidad de Puerto Rico y tal vez posteriormente enviarlo al Smithsonian Museum si se comprueba su singularidad. En cualquiera de los casos usted recibirá todo el crédito por el descubrimiento y su nombre será preservado permanentemente en los registros.

“La señorita Bonnie White se preparará para preservar y transportar el espécimen a nuestro laboratorio para su examen. Agradezco de antemano su cooperación para esta búsqueda científica.

“Sinceramente,
“Dr. William H. Eger
“Profesor Asociado de Ictiología y Curador de Peces”.

HOMBRES DE NEGRO BAJO EL INCLEMENTE SOL DE PUERTO RICO

Tal vez Garamendi nunca se esperó este tipo de reacción. Él deseaba que con sólo las fotografías y las placas de rayos X, la Universidad de Puerto Rico diera un dictamen. El análisis de su ejemplar de Garadiábolo era algo con lo que no había contado. No podía permitirlo porque seguramente un experto en ictiología podría descubrir el fraude. Efectivamente, como más adelante veremos, todo se trató de un burdo fraude montado con la intención de obtener beneficios económicos, renombre y popularidad. Esto último era más que evidente desde el momento en que utilizó su apellido para bautizar al animal: “garamendiávolo”.

¿Pero cómo podía evitar que su espécimen fuera analizado sin despertar sospechas? La respuesta llegó a través de sus conocimientos ufológicos (Garamendi era un fanático de los fenómenos paranormales, que leía “Il Giornale dei Misteri” y que era amigo de Salvador Freixedo). Efectivamente, Garamendi recordó que en ufología, cuando se desea evitar que una “prueba” sea analizada por alguien competente, se recurre al viejo truco de afirmar que las pruebas fueron confiscadas por los Hombres de Negro.

En este caso Alfredo García Garamendi echó mano de ese viejo truco y afirmó que dos hombres de negro (atípicos, ya que en lugar de ser de aspecto oriental, eran rubios y hablaban inglés), habían llegado a su casa y se habían llevado al Garadiábolo. Desafortunadamente ni el doctor Eger ni la señorita White podían analizar al animal. Pero dejemos que sea Freixedo quien relate esta parte de la historia:

“Para que el lector vea lo cerca que las autoridades norteamericanas siguen todo lo que se refiere a ‘hombrecitos’, le contaré lo que le sucedió a un amigo mío en la ciudad de San Juan de Puerto Rico.

“(…) La prensa empezó a hablar enseguida de que habían capturado a un ‘extraterrestre’. Pues bien, a los pocos días, y en horas avanzadas de la noche, se presentaron en su casa dos individuos altos y en mal español le exigieron que les entregase el ejemplar o se atuviese a las consecuencias. Mi amigo, atemorizado por la energía y la decisión con que le hablaban aquellos desconocidos, no tuvo más remedio que entregarlo sin que volviese a saber qué fue del animal.

“(…) Pero por lo que pudiese pasar, ya las autoridades norteamericanas estaban dispuestas a impedir que se supiese la verdad, aun violando los derechos de los ciudadanos”.

En el pie de foto de la fotografía que acompaña a su relato, Freixedo escribió:

“Este ‘pez’ –que no es una raya cortada sino un rarísimo animal de aproximadamente un metro de altura, que sale del agua, camina en dos patas y hasta se sube a los árboles– le fue ‘requisado’ al que lo había arponeado bajo el agua, por dos individuos que se presentaron en su casa por la noche, en San Juan de Puerto Rico. Aparentemente eran miembros de la CIA atraídos por las afirmaciones de un periodista que decía que, probablemente, se trataba de un ser de otro planeta”.

MAT HELM Y SU NAVE EXTRATERRESTRE

Cuando el doctor William Eger se enteró de que Garamendi ya no contaba con su ejemplar de Garadiábolo, intentó por todos los medios conseguir otro. Dio entrevistas y habló con diversos periodistas no sólo en Puerto Rico, sino también en el extranjero.

Por esos días un ingeniero puertorriqueño, Héctor Manuel Chaar, supuestamente tomó la fotografía de un OVNI frente a las costas de la ciudad de Arecibo. El OVNI, que se encontraba a unos 15 metros sobre el mar, parecía tener problemas y hacía evidentes esfuerzos por elevarse, cosa que no consiguió, cayendo finalmente al agua. La fotografía fue publicada por el periodista Juan Soto Ferrer del diario “El Mundo”, de Puerto Rico. La noticia y la fotografía serían impresas en otros diarios de la isla, como el “San Juan Star”, que se edita en inglés. Soto Ferrer informó a sus lectores que “las fotos fueron analizadas por expertos en la materia, cuyo veredicto fue que eran claras y reales”.

La verdad es que se trataba de otro fraude. La foto había sido tomada a un fotograma de la película de acción americana “Emboscada a Mat Helm”, filmada en México, y se intentaba hacerla pasar como una auténtica nave extraterrestre. Ésta no sería la primera ni la única vez que el “OVNI de Mat Helm” se usaría para montar un fraude ufológico. El fraude de Puerto Rico fue el más risible porque ahí los ufólogos “expertos en la materia” dieron como auténticas las fotos de una maqueta de cine.

Esta noticia fue retomada por el periódico de Santo Domingo “Listín Diario”, cuyo reportero Danilo Rodríguez Díaz además había hablado con el doctor Eger sobre el extraño espécimen encontrado por el señor Garamendi. Rodríguez entremezcló las dos historias y publicó varios artículos sobre el asunto. El sensacional caso saltó hasta la América continental y en Venezuela la revista “Estampas” de “El Universal” publicó una nota en la que decía que el doctor William Eger, director del Departamento de Ciencias Marinas de la Universidad de Mayagüez, conservaba en formol en su laboratorio de la Perguera, un “extraño espécimen encontrado en aguas de Fajardo. Su ayudante, el doctor Pagan, dijo que el animal puede pertenecer a una clase de ser marino que tanto podía volar como nadar” (2).

Mientras tanto Garamendi no se había quedado cruzado de brazos. Comenzó a escribir un libro sobre su hallazgo, pero cuando se enteró de las diligencias del doctor Eger, y viendo que su negocio, fama y dinero se le estaban yendo de las manos, atacó al ictiólogo tratando de sacarlo de la jugada. Con este fin escribió la siguiente carta:

“San Juan, P. R. 27 de junio de 1973.
“Dr. Eger

“Con la presente estoy respondiendo a su carta y le solicito me regrese todas las fotografías y copias de los rayos X que envié al Dr. Cerame Vivas a través de mi amigo Francisco Guell el 29 de enero de 1972. He visto con disgusto diferentes publicaciones hechas por usted en diversos periódicos y revistas del extranjero sobre mi descubrimiento y captura del Garadiábolo, publicando algunas de las fotografías que le envié, sin mi consentimiento y omitiendo el nombre que le di al espécimen, el cual oficialmente usted reconoce en su carta del 28 de marzo de 1972. Ignoro las ‘razones’ que ha tenido para tal actitud, pero para mí eso no es correcto.

“No intentaré proceder contra tal ‘abuso de confianza’, pero formalmente solicito me regrese todo el material que envié. También le pido que pare cualquier publicación sobre mi descubrimiento, porque estoy escribiendo un libro acerca del asunto y no deseo ninguna interferencia. 

“Es muy desagradable ver que la confianza que deposité en el Departamento de Ciencias Marinas de la Universidad de Puerto Rico (Colegio de Artes y Ciencias Mecánicas de Mayagüez) para facilitar el examen y estudio científico de este raro espécimen haya sido usado para otros propósitos distintos al original.

“Por lo tanto solicito su pronta atención a mi solicitud.

“Sinceramente.
“Alfredo García Garamendi”

EL LIBRO

Efectivamente, poco después, en 1974, Garamendi publicaría su libro “Los Garadiábolos”, con prólogo de Salvador Freixedo. En él hace algunas referencias a su vida en Haití y su contacto con algunos zombies y de cómo conoció a una psíquica de nombre Madame Rosafé, quien le predijo que pronto haría un gran descubrimiento científico: una nueva forma de vida en Puerto Rico. Si todo esto no fuera suficiente para alertar al lector de que nos enfrentamos a un tipo desquiciado, los ataques viscerales en contra del doctor Eger confirmarían lo anterior.

Garamendi vuelve a tomar el asunto de Eger en el libro. Sin embargo, Alfredo G. Garamendi escribe en tercera persona presentando al personaje principal de su libro (él mismo) como “el profesor Garay”. Esta curiosa forma de actuar no tiene sentido, ya que a lo largo del texto el lector se va dando cuenta de que el profesor Garay es el mismo Garamendi (3). Además, como apéndice, se publica la correspondencia intercambiada entre Eger y Garamendi, lo cual no deja lugar a dudas sobre la identidad del profesor Garay.

Algunos de los fragmentos más esclarecedores del libro son los siguientes:

“Un hecho muy desagradable relacionado con el descubrimiento del ‘Garadiábolo’, ha sido la serie de falsas noticias que han venido circulando en periódicos y revistas de toda índole por todo el Caribe y en Nueva York inclusive.

“Cierto inescrupuloso ‘científico’, a quien las autoridades del Colegio confiaron confidencialmente el espécimen, para que trabajara en su estudio y clasificación; no tuvo el menor reparo en autorizar la publicación de varios reportajes de tipo sensacionalista en la prensa extranjera, relativos al raro anfibio, omitiendo deliberadamente el nombre que le fuera dado por su descubridor, como, asimismo, el de su legítimo dueño, pese a haber manifestado por escrito en carta oficial a la Universidad, fechada en Mayagüez el 28 de marzo de 1972 y dirigida al ‘profesor Garay’ su reconocimiento por el logro obtenido en la captura, aceptando, inclusive, el nombre con que fuera bautizado el espécimen, y asegurando que todos los méritos que por tal motivo otorgase la Ciencia en el futuro, le serían acreditados al profesor en su totalidad.

“Al parecer la censurable conducta de tal científico fue motivada por la noticia aparecida en el ‘Listín Diario’ de Santo Domingo el 31 de octubre de 1972, donde se informaba de la caída de un OVNI en Arecibo y la captura del cadáver de un tripulante, lo que atrajo algunos periodistas dominicanos hasta la ciudad de ‘La Sultana del Oeste’.

“La ‘noticia’ aparecida en los periódicos de la vecina república resultó totalmente falsa, pero el científico en cuestión, no obstante estar bien enterado de la procedencia del ‘Garadiábolo’, no hizo alusión alguna a su descubridor, limitándose a exponer, cuando fue entrevistado por la prensa, la frívola teoría de que el espécimen era un animal prehistórico, ya extinguido, sin mostrar los elementos de juicio básicos para hacer tal aseveración, ya que la Ciencia no ha tenido noticias de la existencia de fósiles de esta naturaleza, lo que produjo una desorientación en los lectores y, al omitir mencionarlo por ‘su’ nombre, dejaba entrever que el descubrimiento fuese meramente suyo.

“Más tarde apareció otro artículo publicado en la revista de ‘El Universal’ de Caracas el 25 de marzo de 1973, donde el citado científico, aunque sigue manteniendo su primera teoría, no contradice la opinión del reportero que deja entrever la posibilidad de que el extraño ser pudiera tener un origen extraterrestre y, aunque vuelve a omitir el nombre de su descubridor, no tiene objeción en dejarse fotografiar junto al espécimen, lo que dio lugar a que algunas personas de buena fe, pensaran que él era el descubridor y no el profesor”.

GARAMENDI SE SACA LA LOTERÍA: CAPTURA OTROS DOS EJEMPLARES

Sin embargo el sólo hecho de publicar su libro no serviría de mucho. El verdadero gancho y centro de atención era el propio Garadiábolo pero, ¡ay!, desafortunadamente se lo habían llevado los agentes de la CIA. Pero Garamendi no era hombre de escasos recursos. Si para llegar a su objetivo era necesario un ejemplar de Garadiábolo, él conseguiría dos. No cansemos a nuestros lectores narrando la forma tan ridícula en que fueron capturados estos ejemplares que se relata en el libro, y baste para ello la versión de Freixedo.

“Más tarde se capturaron otros dos ejemplares adultos, de aproximadamente un metro de altura, y uno de ellos fue estudiado detenidamente por un ictiólogo de la Universidad de Mayagüez, y se comprobó que era un tipo extrañísimo de pez todavía sin clasificar, pero que tenía unas cualidades que rayaban en lo paranormal” (4).

El haber encontrado un ejemplar de Garadiábolo era ya de por sí extraordinario; pero encontrar dos más es algo imposible. Es como sacarse la lotería sin comprar boleto.

Pero Garamendi no era el único tipo con suerte. Pronto varios otros puertorriqueños contaban con su “extraterrestre disecado”. Se trataba, como lo habrá adivinado el lector, de ejemplares de mantarrayas mutiladas que se vendían a los turistas.

El “profesor Garay” sabía de lo anterior y quiso curarse en salud al escribir:

“El espécimen capturado en Puerto Rico por el profesor Garay no es el primero de esta especie de que se tenga conocimientos en nuestros días.

“En la exposición internacional de Montreal (Canadá) en 1967, exhibían en la sección espacial, dentro de una burbuja plástica, un ejemplar que todavía no había alcanzado su completo desarrollo, y que fuera clasificado por los técnicos de la citada exposición como “espécimen de origen extraterrestre” capturado en las costas de Yucatán (México). Sospechamos que ese “título” le fue otorgado con fines sensacionalistas publicitarios, pues desconocemos los elementos de juicio en que se basaron para hacer tal aseveración.

“Un grupo de aficionados a la pesca, animados por la expectación y curiosidad que el raro animal había despertado en el público concibieron la genial idea de sacarle partida al asunto preparando facsímiles de éste a base de peces raya a los que le hacían una serie de incisiones y recortes que, en términos generales, los hacía parecer muy semejantes al expuesto en Montreal.

“Existen varias publicaciones en donde aparecen fotografías de estos ejemplares, en las cuales se advierte al público del fraude.

 “Con todo y eso, en los Estados Unidos y México, todos los años, principalmente en la época de verano, las tiendas de artículos de mar venden millares de estos facsímiles al público, que paga más de diez dólares por cada uno, lo que representa pingües ganancias, tanto para los pescadores como para los comerciantes. Los veraneantes del interior creen haber adquirido un auténtico ‘diablo marino’, y todos tan contentos.

“Hace más de dos décadas, una noticia alarmó la costa occidental de Italia, cuando los buceadores submarinistas alegaron haber sido atacados por un hombre pez, de características similares al Garadiábolo capturado por el profesor Garay. En la revista de aquel país ‘Il Giornale dei Misteri’ aparecida en el mes de mayo de 1972, y en la que rememoraban dicho acontecimiento, y publicaba en su portada a colores la foto de un ejemplar disecado; pero, salta a la vista que se trata de un facsímil, aunque en ningún momento admiten que sea ése el hombre-pez que atacó a los pescadores.

“Durante la Exposición Internacional de Barcelona (España) en 1929, el Museo de Historia Natural tenía en exhibición, dentro de una urna de cristal, un raro ejemplar que, por la información que he podido obtener de varias personas que lo vieron, tenía todas las características de un legítimo Garadiábolo, aún cuando los técnicos de la ciudad condal lo clasificaron, prudentemente, como ‘monstruo marino de origen desconocido’”.

LA EXPLICACIÓN: MANTARRAYAS

¿Cuál es la verdad en el asunto de los Garadiábolos? Como ya lo han dado a entender Freixedo y el mismo Garamendi, se trata, simplemente, de mantarrayas a las cuales les cortan las aletas, seccionan su cola en tres partes; dos de las mismas las convierten en piernas y la central en cola. En otras ocasiones se trata de peces diablos, hábilmente reformados en apariencia. Lo más común es que utilicen alguna de las 116 especies de rhinobatidae, más conocidos como peces guitarra. En el apéndice de este texto podemos ver algunas de estas especies utilizadas para fabricar Garadiábolos.

El negocio es considerable: aumento de turismo de gente interesada en los fenómenos paranormales que, a precio generosamente razonable, pueden adquirir su “extraterrestre” auténtico, que será orgullosamente exhibido entre amistades y creyentes de los platillos voladores.

En realidad se trata de una especie de “artesanía” originaria, muy probablemente, del lejano oriente: Japón o China. En México las primeras referencias al respecto provienen de la época de la colonia. En Acapulco se vendían estos “demonios marinos” traídos del oriente por la “Nao de China”.

En la actualidad se venden en diversos mercados de la capital (como el de Sonora) como un artículo para prácticas brujeriles, algo que también es común en Italia. Su procedencia son los principales puertos de la república en donde se siguen vendiendo y comercializando. Pero esta industria no es exclusiva de los mexicanos. Hoy en este siglo XXI se les puede encontrar prácticamente en todo el mundo.

En los países anglosajones se les conoce como Jenny Haniver. Una de las versiones sobre el nombre indica que es el de una princesa de las sirenas, pero parece que el nombre tiene que ver con la ciudad de Antwero, Antwerp, Antuerpia o Anvers, en Francia, en donde se dice que se comenzaron a vender en los siglos XVI y XVII. Ahí se les conocía como los hijos de los dragones o como una forma de basiliscos. También se les conocía como pez obispo, pez diablo y cachorro de dragón.  El nombre original es Jeune de Antwerp, es decir “la joven de Antwerp”. También se le conoce en los Estados Unidos como la Sirena Fiji.

Ambroise Paré se ocupó de ellos en su “Des Monstres”, en donde decía que se trataba de un pez volador o águila de mar. Pero ya en 1558 el naturalista Konrad Gesner, los describió como falsificaciones en su “Historia Animalium”.

UN MITO QUE SE NIEGA A MORIR

A pesar de que desde hace siglos se les conoce como falsificaciones, es frecuente que aparezcan noticias en una u otra parte del mundo.

Recientemente en la revista italiana “Meridianodieci” se informaba del hallazgo en la comuna de Castelcovati de “un extraño ser de color rojo de unos 30 centímetros de alto”. La revista continúa diciendo que “el objeto fue usado en ritos satánicos” y que es “un marciano proveniente del planeta rojo” o “un animal prehistórico”.

La noticia fue seguida por el periodista Marco Bonari, del “Giornale di Brescia”, quien continuó diciendo que se trataba de un ser de otro mundo, pero que investigaría el caso. Dos días después informó a sus lectores que se trataba de un fraude hecho con un pez mutilado.

La explicación ya la habían dado Luigi Garlaschelli y Franco Ramaccini en el No. 1, año 4 (abril de 1992) de “Scienza & Paranormale”, la revista de los escépticos italianos del CICAP.

Los ufólogos son los seres más irracionales del mundo. Los ejemplos abundan. En el número 7 de la revista española “Mundo Desconocido” publicó otro de los trabajos de Freixedo. Los editores lo presentaban de esta manera:

“A raíz del artículo sobre los hombres-peces aparecido en el No. 3 de ‘Mundo Desconocido’, el conocido científico Salvador Freixedo, residente en Puerto Rico, en donde aparecieron precisamente estas extrañas criaturas, nos remite nueva información de primera mano sobre las mismas”. 

¿¡Freixedo científico!? ¿Qué burla es ésta? En su artículo el ex sacerdote trataba de explicar que aunque había algunos fraudes hechos con mantarrayas, los Garadiábolos existían y eran otra cosa.

“Hay un pez, que parece ser también de la familia de las mantarrayas, que sin necesidad de ninguna incisión, tiene una apariencia impresionante de diablo y puede salir del agua, manteniéndose así erecto apoyado en sus dos largas patas y moviéndose con cierta agilidad a base de saltos. Su tamaño es bastante mayor que el de las rayas cortadas pudiendo llegar a tener algo más de un metro de envergadura. Para sus movimientos fuera del agua, cuando se halla en posición vertical, se apoya en su fuerte y largo rabo cilíndrico, que también usa como arma mortal para atrapar y estrangular a sus presas (…) sin exceptuar las presas humanas.

“Tiene fuertes colmillos aunque un poco desordenadamente colocados y una nariz protuberante, cosa que se echa por completo de menos en las rayas cortadas. Las patas, y sobre todo los muslos, son perfectamente redondos, sin notarse en absoluto los cortes que son del todo manifiestos en las rayas ‘preparadas’.

“Además, los machos tienen unos órganos genitales totalmente erectos –cosa que en los peces suele suceder–, y con un no pequeño parecido a los humanos. La piel de la parte delantera es muy suave y también parecida a la humana, mientras que la de la parte posterior o de la espalda es áspera y parecida a la de los tiburones.

“Esta cría tenía unos 40 cm. de longitud y estuvo en la Universidad de Puerto Rico en poder del ictiólogo Dr. William Eger por espacio de ocho meses, siendo sometida a diversos análisis para determinar su identidad y clasificación”.

En ocasiones uno se pregunta si tiene caso tratar de desmitificar el fenómeno OVNI para colocarlo en su justo nivel. Pero al enfrentarse a “investigadores” del nivel cultural de éste uno se da cuenta que todo es tiempo perdido: se está predicando en el desierto.

APÉNDICE

LISTA DE ESPECIES DE RHINOBATIDAE

Aptychotrema bougainvillii
Aptychotrema rostrata
Aptychotrema vincentiana
Leiobatus panduratus
Platyrhina exasperata
Platyrhina limboonkengi
Platyrhina sinensis
Platyrhina triseriata
Platyrhinoidis triseriata
Raia halavi
Raja djiddensis
Raja percellens
Raja rhinobatos
Raja rostrata
Raja thouin
Raja thouiniana
Rhina ancylostomus
Rhina cyclostomus
Rhina sinensis
Rhinobates leucorhynchus
Rhinobatis producta
Rhinobatos albomaculatus
Rhinobatos annandalei
Rhinobatos armatus
Rhinobatos batillum
Rhinobatos cemiculus
Rhinobatos cemiculus rasus
Rhinobatos congolensis
Rhinobatos formosensis
Rhinobatos glaucostigma
Rhinobatos granulatus
Rhinobatos halavi
Rhinobatos horkelii
Rhinobatos irvinei
Rhinobatos lentiginosus
Rhinobatos lionotus
Rhinobatos microphthalmus
Rhinobatos obtusus
Rhinobatos percellens
Rhinobatos petiti
Rhinobatos planiceps
Rhinobatos productus
Rhinobatos punctifer
Rhinobatos rasus
Rhinobatos rhinobatos
Rhinobatos salalah
Rhinobatos schlegelii
Rhinobatos spinosus
Rhinobatos thouin
Rhinobatos thouiniana
Rhinobatos typus
Rhinobatos variegatus
Rhinobatos zanzibarensis
Rhinobatus acutus
Rhinobatus annulatus
Rhinobatus banksii
Rhinobatus blochii
Rhinobatus bougainvillii
Rhinobatus brevirostris
Rhinobatus columnae
Rhinobatus duhameli
Rhinobatus dumerilii
Rhinobatus glaucostictos
Rhinobatus granulatus
Rhinobatus holcorhynchus
Rhinobatus hynnicephalus
Rhinobatus laevis
Rhinobatus leucospilus
Rhinobatus maculata
Rhinobatus natalensis
Rhinobatus ocellatus
Rhinobatus prahli
Rhinobatus stellio
Rhinobatus tuberculatus
Rhinobatus undulatus
Rhinobatus vincentianus
Rhynchobatus atlanticus
Rhynchobatus australiae
Rhynchobatus djiddensis
Rhynchobatus djiddensis australiae
Rhynchobatus luebberti
Squatinoraja colonna
Tarsistes philippii
Trigonorhina alveata
Trygonorhina fasciata
Trygonorhina fasciata guanerius
Trygonorhina guaneria
Trygonorrhina guanerius
Trygonorrhina melaleuca
Zanobatus atlantica
Zanobatus atlanticus
Zanobatus schoenleinii
Zapteryx brevirostris
Zapteryx exasperata
Zapteryx xyster

NOTAS

(1) Eso no hubiera tenido nada de extraordinario si Garamendi hubiera hablado de los peces pulmonados, que presentan todas esas características, exceptuando la de ponerse de pie.
(2) Eger no tenía otro ejemplar, sólo las fotos de Garamendi.
(3) Esto también nos recuerda algunas obras de Antonio Salas, alias Benito Manuel Carballal.
(4) Ésta puede ser una de las mentiras de Freixedo, porque dudo mucho que Garamendi hubiese enviado de nuevo sus ejemplares a la Universidad de Mayagüez. Aún enviándolos, los ictiólogos de esa universidad eran malos, y no sabían identificar peces guitarra o mantarrayas, pero no llegaban al extremo de hablar de fenómenos paranormales.

REFERENCIAS

- Anónimo. “Misteriose (?) creature sirenidi”. En Internet, http://www.ufologia.net/warp/alieni2.asp
- Anónimo. “Mummia rossa in un pollaio. Rossa come un marziano”. En “Meridianodieci”.
-
Del Real, Hugo. “Los Garadiábolos”. En “Insólito”, No. 6, México, diciembre de 1981, páginas 16-20.
- Freixedo, Salvador. “Cuando ataca el Garadiábolo”. En “Mundo Desconocido”, No. 7. Barcelona, diciembre de 1976, páginas 62-66.
- Freixedo, Salvador. “La amenaza extraterrestre”. Editorial Posada. México. 1991.
- García Garamendi, Alfredo. “Los Garadiábolos”. Editorial Pirámide. San Juan de Puerto Rico. 1975.
- Mori, Kentaro. “Os Garadiábolo”. Artículo sin publicar.
- Morocutti, Marco. “Il mostro in cascina”. En “Scienza & Paranormale”, No. 16, Anno V. Inverno 1997. En Internet, http://www.cicap.org/articoli/at100842.htm
- Plataneo, Mónica y Wolczuk, Cristina. “Dudas en la investigación de esqueletos extraterrestres”. En “Cuarta Dimensión”, No. 67, Buenos Aires, septiembre de 1979, páginas 58-61.
- Rodríguez Díaz, Danilo. “Aparece en Puerto Rico ‘un cadáver espacial’”. En “Listín Diario”. Santo Domingo. 31 de octubre de 1972.
- Rodríguez Díaz, Danilo. “Expertos hacen estudio de los restos del ‘ser’ que hallaron en PR”. En “Listín Diario”. Santo Domingo. 2 de noviembre de 1972.
- Sepúlveda, Rosendo. “¿Ser extraterrestre o animal desaparecido?”. En “Estampas”, revista de “El Universal”, No. 1017. Caracas. 25 de marzo de 1973.

Nota: La forma correcta de escribir la palabra “garadiábolo” sería así, con “b”. Se trata, pues, de una composición que usa el término del latín “diabolus”.

Cliquee en las imágenes para abrir el slideshow


Alfredo García Garamendi.


Garamendi en la laguna en donde atrapó los Garadiábolos.


Vistas frontal y dorsal del Garadiábolo.


Un Garadiábolo encaramado en un árbol de uva playera.


El último Garadiábolo capturado por Garamendi.


Una de las características resaltadas por Freixedo: los dientes.


Primer plano del Garadiábolo.


Vista “frontal” del Garadiábolo. En realidad es el dorso de una mantarraya.


La parte frontal de la mantarraya se convierte en la espalda del Garadiábolo.


Garamendi con el equipo y en la playa El Convento, en donde atrapó el primer ejemplar.


Freixedo escribió el prólogo del libro de Garamendi.



Rayos X del primer ejemplar de Garadiábolo.


El doctor Eger, el doctor Pagan y el periodista Rosendo Sepúlveda, con las fotos del Garadiábolo.


Foto de Garadiábolos publicada por Freixedo.


El ejemplar de Freixedo “de pie”.


Foto en color del Garadiábolo de Freixedo. En ella no vemos que utilice la cola para sostenerse.


En Japón se venden estos juguetes con la figura de Garadiábolos.


El ejemplar de Canadá.


Recientemente en Internet apareció esta fotografía de un Garadiábolo.


Grabado de la sirena Jenny Haniver.


Partes superior e inferior de una mantarraya. Lo que se quiere hacer pasar por sus ojos son en realidad una especie de “fosas nasales”.


Este Garadiábolo con alfileres fue encontrado en Italia.


Un moderno Garadiábolo y el grabado que publicó Ambroise Paré.


El Garadiábolo marciano de Castelcovati.


La princesa sirena Jenny Haniver.


Otro Garadiábolo italiano.


Garadiábolo de Puerto Rico. Foto Wilson Sosa.






Rhinobatos halavi.


Rhinobatos percellens.


Rhinobatos thouin.


Rhinobatos prahli.


Rhinobatus productus.


Rhinobatos djiddensis.


Rhinobatos leucorhynchus.


Rhinobatos percellens.


Rhinobatos percellens.


Rhinobatos cemiculus.


Rhinobatos schlegelii.

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